viernes, 17 de octubre de 2008

ORIGEN DEL CARPACCIO....

Gracias a una estupenda página:

que he de confesar consulto con bastante frecuencia, pues se trata la obra de un cocinero, catador, periodista gastronómico que mezcla suculentas recetas con comentarios personales, orígen de los alimentos, etc...

En fin, a lo que íbamos, me gusta mucho documentarme y junto con la receta anterior "Carpaccio de ternera" se me ocurrió darme una vuelta por su página... a ver como nos la recomendaba preparar... así que me he encontrado con estas "perlas":

"Si buscan ustedes el origen de la palabra Carpaccio, verán siempre la historia del Harry’s bar de Venecia, en el que una buena clienta, dicen que condesa, pidió a su anfitrión, Giuseppe Cipriani, alguna forma de comer carne cruda que no fuese el consabido tartar (Rafael García Santos afirma que era por una dolencia de la comensal, pero, salvo casos de canibalismo o vampirismo, jamás he oído que ningún médico prescriba carne cruda a sus pacientes, pero como lo dijo RGS, pues ya lo han tomado como dogma muchos “historiadores”).

El restaurador fileteó finamente un solomillo de buey y lo aderezó a la americana, o sea con una mahonesa adulterada con mostaza y salsas Perrin’s y Worchestershide (que es lo mismo y además da igual, porque al fin y al cabo, lo que hace es matar el sabor de la carne).

A la señora condesa le gustó y al tabernero, que debía ser muy fino, no se le ocurrió nada más cursi que bautizar el plato con el nombre de un celebre pintor veneciano, Vittore Carpaccio.

Luego vino Hemingway, apasionado de la buena mesa y de inventar historias pintorescas sobre las costumbres europeas, e hizo tan famoso el dichoso platito, que hoy en día está presente en casi todos los restaurantes del mundo, sean o no italianos, aunque, afortunadamente, nada tengan que ver con aquella americanada de salsa tan violenta.

Hoy se llama carpaccio a todo lo que lleve carne cruda, incluso de pescado (eso tiene otro nombre, ceviche), aunque los que podemos considerar establecidos como tradicionales, simplemente se aliñan con unas gotas de limón, un chorrito de aceite y unas virutas de Parmesano. "

No tiene desperdicio, ¿verdad?


Carpaccio de buey, según el Harry’s Bar de Venecia


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