miércoles, 18 de febrero de 2009

UTENSILIOS DE TEFLON


Hace ya tiempo que no hablamos de historia... asi que hoy ya toca...


UTENSILIOS DE TEFLÓN (1954, Francia)

El doctor Roy Plunkett, el discreto químico de la Du Pont, había descubierto casualmente el teflón mientras experimentaba con gases refrigerantes.



En la mañana del 6 de abril de 1938, en el laboratorio de la Du Pont en Nueva Jersey, Plunkett había examinado un recipiente almacenado durante toda la noche. Hubiera debido contener un gas muy frío, pero, en cambio, descubrió que el nuevo gas se había congelado para formar una sólida cera que se había pegado a las paredes del recipiente. Plunkett quedó asombrado ante la suavidad de su tacto y su total impermeabilidad a todos los productos químicos corrosivos a los que lo expuso. Dio a este compuesto el nombre de teflón, abreviatura de su denominación química: tetrafluoroetileno. El Libro Guinnes reseñaría más tarde el teflón como la sustancia más resbaladiza del mundo, por poseer el menor coeficiente de fricción estática y dinámica en cualquier sólido conocido.





Después de otros 10 años de investigación, este producto químico de la Du Pont fue introducido en el año 1948 para aplicaciones industriales. Sin embargo, nunca se habló en aquel entonces de utilizarlo para sartenes.

Aunque el teflón fuese el descubrimiento de un químico norteamericano, se necesitó el ingenio gastronómico de los franceses para producir la primera sartén antiadherente. Cuando este artículo entusiasmó a los parisienses, los fabricantes norteamericanos, que hasta entonces no habían creído en la posibilidad de una superficie no adherente para cocinar, se pelearon para colocar sus pedidos.

En el año 1958, Thomas Hardie, corresponsal en el extranjero de la United Press International, aceptó una invitación de un amigo, que acababa de regresar de París. La cena fue preparada en una sorprendente sartén francesa en la que no se adhería ni una partícula de la comida, a pesar de que el anfitrión se había abstenido de utilizar mantequilla o aceite.





Hardie quedó maravillado por el revestimiento de esa sartén, y supo que los franceses lo llamaban tefal, aunque el producto era un “plástico” americano fabricado por la Du Pont, con fines industriales, bajo el nombre de Teflón.





Hardie se trasladó a Francia y, en la fábrica Tefal, en las afueras de París, conoció al presidente de la compañía. Marc Gregoire. Un amigo de éste había ideado un sistema para aplicar una fina capa de plástico, de la Du Pont, al aluminio con fines industriales. Gregoire, pescador entusiasta, empezó por recubrir su aparejo de pesca con esa sustancia, a fin de reducir al mínimo las adherencias y los embrollos del sedal, pero su esposa concibió la idea de utilizarla en los utensilios dé cocina. A petición de ella, Gregoire recubrió con teflón una sartén y después otra, varios años antes de que llegara Hardie. Éste ya pudo comprobar que los almacenes franceses vendían cada año más de un millón de sartenes revestidas con teflón.






Hardie regresó a los Estados Unidos con varias sartenes. Durante los 2 años siguientes, visitó a los principales fabricantes del ramo, pero ninguno de ellos expresó el menor interés. Finalmente, persuadió al jefe de compras del departamento de cocina en los almacenes Macy's de Nueva York, para que aceptara doscientas sartenes. Al precio de 6,94 dólares, se pusieron a la venta el 15 de diciembre de 1960, durante una de las nevadas más intensas que haya padecido la ciudad. Casi medio metro de nieve recubría las calles, y el termómetro no pasaba de los trece grados bajo cero. Sin embargo, los neoyorquinos desafiaron los elementos meteorológicos en tal número, que la provisión de Macy's se vendió en dos días.





Hoy en día, se utiliza el teflón en los trajes espaciales y en los microchips de ordenador, sustituye arterias del corazón humano y sirve como pantalla contra el calor cuando un cohete vuelve a entrar en la atmósfera terrestre. Y también se ha aplicado el teflón en 15.000 puntos de la Estatua de la Libertad, para reducir su envejecimiento. En el hogar, el revestimiento de teflón en las bombillas eléctricas reduce al mínimo su rotura, y en los frenos de un coche mengua su desgaste por fricción.

Del libro "Las cosas nuestras de cada dís" de Charles Panati


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