jueves, 24 de febrero de 2011

DESCUBRIENDO LA FRUTA DE LA PASIÓN (ó MARACUYÁ)





Cuenta la leyenda que una bella joven española llegó a las tierras de los guaraníes en compañía de su padre, capitán del ejército de las Españas.





Se enamoró la muchacha de un aborigen guaraní que le correspondía y tiernamente la llamaba Mburukujá. Su padre, sin embargo, tenía otros planes para ella pues deseaba que desposase con otro cargo militar al servicio de su majestad el rey de España.

Ella confesó a su padre su amor por el guaraní, pero el capitán, inflexible, no sólo confirmó su decisión, sino que para más sufrimiento la condenó al encierro en la casa familiar hasta su cristiana boda.

Su joven amado no se rindió y todas las noches acudía a visitarla y en la oscuridad del jardín tocaba para ella la más dulce de las melodías que brotaba de su flauta.




Mburukujá se alegraba de escuchar aquellos sones que le confirmaban que la llama del amor no se había extinguido. Mas una noche la música de la flauta no sonó, y extrañada la joven observó que una vieja india se agazapaba entre los matorrales. Era la madre de su enamorado. Ésta le conto que el muchacho había sido asesinado por el propio padre de la chica.


Mburukujá enloqueció de dolor y siguió a la anciana hasta donde se hallaba el cuerpo de su amado, tomó una de sus flechas y la clavó en medio de su pecho, no sin antes rogarle a la anciana que les enterrara juntos para toda la eternidad. Así lo hizo la guaraní y no transcurrió mucho tiempo antes de que los aborígenes que recorrían aquella zona hablasen de una extraña planta que nunca antes se viera y que brotaba de la tumba de los amantes. De aquella enredadera surgían unas extrañas aunque hermosas flores que se cerraban al anochecer y renacían al salir el sol…




Preciosa leyenda.


La versión cristiana del origen de la FLOR DE LA PASIÓN, atribuida a los jesuitas, no posee tal romanticismo: se identifican los elementos de la flor con la pasión de Cristo: corona de espinas, tres clavos, cinco llagas y las cuerdas con que ataron a Jesús en el Calvario. En este mismo sentido existe otra interpretación que añade más elementos: la suma de sus cinco pétalos y de sus cinco sépalos simbolizarían a los apóstoles con la excepción de Judas y Pedro que lo traicionaron y negaron respectivamente.


El maracuyá o flor de la pasión (Passiflora edulis) es una planta trepadora, nativa de las regiones subtropicales de América, aunque igualmente crece con facilidad en climas templados (de hecho, aquí en el sur de Galicia, luce en los jardines de mi tía Mary y mi cuñada Susana)




Su fruto, fue descubierto en Perú hacia 1569 por Monardes, médico español que documentó la utilización que realizaban los indígenas de fruto y planta.

Os confesaré que aunque en ocasiones había oído hablar de la fruta de la pasión ó maracuyá, nunca la había degustado hasta hace unos días, cuando Arantxa de Don Chiringo me envió un aperitivo muy especial…




Realmente nos sorprendió, el langostino -en su punto- se hallaba bañado por una salsa espesa, gelatinosa, de un tono amarillo-naranja, con gusto cítrico, ácido, y un perfumado aroma. Aunque quizás el sabor ácido es el que menos aprecio, la combinación me pareció extraordinaria e innovadora.

Naturalmente, ante mi reciente descubrimiento, no pude dejar de investigar sobre este tropical producto, y por lo que he podido averiguar, aparte de zumos y helados (que también degustamos en España), en América son muchas las aplicaciones del maracuyá en cocina, afirmando algunos que, en ocasiones, sustituía al limón en la preparación del afamado ceviche. Aunque he leído que se utiliza con pescados y mariscos, las recetas que más frecuentemente se repiten son las de refrescantes cócteles o deliciosos postres.




Si no conocéis la FRUTA DE LA PASIÓN no dejéis de probarla, y si os atrevéis a  confeccionar un postre diferente os dejo un enlace de nuestra dulce Berta Castro, francamente apetitoso…



4 comentarios:

  1. no conocia la historia del maracuya, pero si te contare que en una de las redes del cierre de la finca tenia una planta de flor de la pasión como ornamental hasta que poco a poco fue secando, por ese tiempo no sabía que esas bolillas amarillas que echaba despues de la flor se podían comer y que eran maracuyás, cuando lo descubri ya la planta era historia, a veces tenemos las cosas a nuestro alrededor y no lo sabemos hasta perdelas.

    muy buen post

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  2. La verdad es que mi tía me comentó que nunca había probado los frutos... es bueno que nos enteremos de estas cosas. Me ha llamado especialmente la atención que la misma planta se dé igual en los trópicos que aquí... En cuanto a la leyenda, me pareció aunque dramática muy romántica y consideré que era bueno compartirla... Un besazo guapetona!!!

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  3. Mercedes fantástica la leyenda. Para mi yaya era la segunda versión la creíble. La pasión era la de Cristo.
    Decirte que mi suegro la tiene en la casa de la playa a modo de enredadera por el cierre, pero los frutos casi nunca se ven. Son pequeñitos y enseguida abren a las flores como la del dibujo.

    Muacs dulces y muchas gracias por el link

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  4. Fantástico tu postre, Berta!!!

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