sábado, 17 de septiembre de 2011

VENDIMIANDO EN “O RIBEIRO” – AS REGADAS, BEADE (OURENSE)

«Posiblemente, la mejor cosecha de la historia», dicen los bodegueros y cosecheros gallegos. El sector vitivinícola, uno de los pocos que supieron capear la crisis, se frota las manos porque, al margen de su buen hacer para que los vinos gallegos sean reconocidos internacionalmente, ha contado este año con la complicidad del tiempo (…)

(…) Los caldos gallegos se han convertido en los últimos años en un motor para la resentida economía de la comunidad, y no solo por los saneados balances de sus empresas y su proyección internacional. También porque en época de vendimia son una válvula de oxígeno para los que sufren la lacra del paro. En las bodegas hay colas para apuntarse a la recogida de uva, y si antes eran sobre todo inmigrantes, ahora el perfil es de un gallego en paro y con familia a su cargo.”



 
No temáis, no me veréis acarreando un “galleiro” o “culeiro” (cestón utilizado para transportar las uvas durante la vendimia). Yo sólo me acerqué a AS REGADAS, BEADE (Ourense) a visitar a la familia y a “recoger” algunos de los frutos ya recolectados antes de que pasasen  a convertirse en estupendos vinos bajo la Denominación de Origen RIBEIRO.
He estado investigando curiosidades de la zona de Beade, descubriendo que existen muy antiguos apuntes de su historia a raíz de la presencia de la “Orden de San Juan de Jerusalén” en la zona…



Encomienda de Beade (con Ribadavia y Mourentán) - La presencia inicial de la Orden en esta zona se remonta a mediados del siglo XII, concretamente al año 1143. Probablemente la creación de la encomienda de Beade debió de ser posterior a la fundación de la bailía de Ribadavia, cuya iglesia de San Juan fue siempre cabeza de encomienda, aun cuando la preeminencia pasó a Beade, en cuyas cercanías estuvo instalada la casa del priorato. La villa de Ribadavia, que gracias al fuero que Fernando II le otorgó en 1164 pasó a constituirse a perpetuidad en villa realenga por la que sus vecinos quedaron como vasallos del rey, se encuentra situada en un importante nudo de comunicaciones de toda la comarca en la confluencia con el Miño, lo que, sin duda, fue determinante para el establecimiento de la Orden de San Juan. Su hospital y convento se erigieron en el centro de la villa, anejo a su iglesia de San Juan, donde compartieron los destinos espirituales de la población con los monjes bernardos de Osera, dueños al principio del «casco» y sus arrabales. Por razones que ignoramos, desde principios del siglo XV la iglesia de San Juan de la villa de Ribadavia pasó a depender de la encomienda de Beade, cuyo comendador se intituló indistintamente de Beade con Ribadavia”
Implantación y desarrollo territorial de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén en Galicia (siglos XII-XV) - Adrián ARCAZ Pozo

Pero los orígenes y la historia de la zona se remontan mucho más atrás, y como de lo que íbamos a hablar hoy era de la “uva” del Ribeiro… os dejo un primer apunte obtenido del “TRATADO DE VITICULTURA GENERAL”  de Luis Hidalgo, 1993.



“Según primeras noticias debidas a Estrabón, el cultivo de la vid fue implantado en Galicia por sus conquistadores romanos que iniciaron su penetración en el año 137 A.C., habiéndose encontrado diversos vestigios que así lo atestiguan, sobre todo en el valle del Miño (…)
(…) Tras las invasiones de los pueblos del norte, se recuperó el cultivo de la vid de la mano de la religión, alrededor de monasterios, iglesias, santuarios e incluso pequeñas ermitas que supieron cuidarlo. El paréntesis de la dominación árabe fue relativamente escaso y poco intenso, debido a su aislamiento y lejanía de Al-Andalus (…)
Durante la Edad Media, la vid llegó a cultivarse en zonas en que actualmente está desaparecida, pero en términos generales ya ocupaba su regionalización actual: valles del Miño, Sil, Avia, Bibey, Rías Bajas, Rías de Coruña y costa septentrional.”


 
Para terminar, os dejo un fragmento extraído de la obra de don Alvaro Cunqueiro, A COCIÑA GALEGA:
“Yo podía darle una vuelta al país con una taza cunca de mi apellido en la mano. Comenzando por las cepas lucenses, siguiendo con las riberas del Miño, que son los primeros los de Portomarín de los Caballeros de San Juan. Antes fueron, en Loio, las viñas de los templarios; ya dijo Castellá y Ferrer, una montañuela toda de viñas, pequeña. Unos vinos ligeros y ácidos, las vegadas con una aguja muy suelta y fresca. De aquí son muy buenas las aguardientes, quizás las más poderosas de toda Galicia, muy tiesas en su sequedad. Yo diría que su fortaleza y terquedad les vienen a estos aguardientes de que la viñas madres están plantadas cerca de donde fueron los camposantos de los templarios y de lso sanjuanistas, y acuden a ellas, bajo tierra, donde están los huesos de los soberbios caballeros de antaño (…)
(…) En Ribadavia el Miño recibe por la derecha al Avia. Hay grandes tintos en Beade, en Gomariz, En Leiro, En Cabanelas, en muchas bodegas del ribeiro. A mí me gustan los blancos que llevan más de la mitad de treixadura: son los vinos para apertivo de estudiosos, del P. Feixoo o del maestro Otero Pedrayo, y al atardecer, prepara el alma para la contemplación de las brillantes estrellas (…)

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